Una nueva aventura se inicia, y sé que poco a poco podremos armar una revolución. Los invito a ser parte de ella y a que decidan como podemos salvarnos, y no hablo de una salvación que implique no pecar, porque como dice el buen amigo Goethe "los pecados escriben la historia, el bien es silencioso". Y aquí no hay espacio para el silencio, sino más bien para los pecados, pecadillos o errores. De la vida, del amor, del periodismo y por qué
no, los propios, esos que se guardan en sarcófagos antiguos. Hay que abrirlos!

viernes, 21 de octubre de 2011

No me gusta la humanidad actual

"Prefiero que me guste la gente a amar la humanidad "
No tengo mejor frase para empezar esto que las del poema "Posibilidades" de la polaca Wislawa Szymborska,  porque hoy siento que la humanidad me debe eso: humanidad.


El Salvador estuvo bajo un diluvio, literalmente, por más de 10 días. En esos días la palabra "solidaridad" rebalsó de la boca de políticos, empresarios, periodistas y ciudadanos. En boca de todos. En las redes, en las televisoras, en los periódicos, en la calle. Hoy llevamos el segundo día sin lluvias y con sol, pero ahora  la palabra "solidaridad" parece haberse esfumado con la lluvia. Ya no se menciona como antes, ya no se tuitea como antes, ni se escribe ni se reportea. Pasada la tormenta ya no parece dar tantas posibilidades de votos a todos aquellos políticos que hicieron de esta tragedia un trampolín para 2012.

Hoy la cantidad de ayuda y de manos solidarias en los albergues ha caído, pero hay más de 50,000 evacuados, muchos de los cuales, ante la falta de comida y abrigo, han preferido regresar a sus casas a esperar a que baje el agua a y a rescatar el pedazo de milpa, si es que tienen suerte. Si es que Dios les sonríe con algo más que un arcoiris y un sol tibio, que ayuda, pero no alimenta.

¿Cuánto cuesta una libra de arroz, una de frijol, una de azúcar? Conozco a tanta gente que de una sentada se consume $10, $20, $30 o hasta $100 en una comida, o en una borrachera; pero que ahora no tenían ni un dólar para ayudar. La disculpa más barata es la falta de tiempo, es que en otra ocasión lo harán. Triste.
Y concluyo nuevamente que los salvadoreños tenemos poca memoria. La hemos tenido siempre. Olvidamos rápido y por eso perdemos más. Perdemos institucionalidad, perdemos humanidad, perdemos solidaridad. El hambre y la pobreza carcomen a cualquier sociedad, y nosotros estamos dejando que el hambre de humanidad carcoma la nuestra.

Y lejos de El Salvador, otro suceso me ha hecho reflexionar.
No, no me genera ninguna duda que Moamar Gadafi era un tirano, uno de esos locos excéntricos que cuando prueban las mieles del poder se vuelven agrios, injustos, insanos, inhumanos. Y no tengo ninguna duda sobre la necesidad que tenía su pueblo de que él y su familia dejaran el poder. Pero una cosa es derrocar a un tirano, y otra asesinarlo.

Aunque soy periodista, nunca he sido asidua de las fotos y videos sangrientos, pero vi a Gadafi y solo quise llorar. Sentí pena, lástima, dolor, frustración. ¿Eso fue justicia? No, no, y mil veces no. ¿Eso puede llamarse paz? No, no, y mil veces no. Nos volvimos tan inhumanos como lo fue él, o quizás más. Y decenas de líderes que un día lo adularon o lo agasajaron con banquetes y ceremonias oficiales, ayer festejaban su muerte. No, no festejaban su muerte, festejaban su asesinato! Pero no son los únicos. Muchos hemos festejado los muertos de nuestra guerra y aún así nos decimos gente.

La sangre de un cuerpo no se borra con la sangre de otro, y esa es otra lección que aún no hemos aprendido.

Y la verdad no quiero que mi hija crezca creyendo que así se hace justicia. Que así se logra la paz o la libertad que muchos ansiamos. No quiero verla crecer pensando en que la mejor ley es "ojo por ojo" y "diente por diente", y que si un marero mata o decapita, pues merece el mismo final. Quiero crezca creyendo que sí existe compasión, solidaridad, pero sobre todo humanidad! Esa que tanta falta nos hace.